
No te busco… porque no te voy a encontrar
La luz no está en el amor / clandestino/.
No dejes tu huella donde el / mal/,
Cuanto más miro al pasado…
Hay ausencias que acunan
Te culpo por ser un depredador
y me alegro de no pertenecer

Para refugiarme en tu cuerpo,
necesito más de ti.
Hay un mordisco de luna
en la cintura de lo desconocido.
Allí, donde besa el pliegue de tu mirada.
Esa serpiente de agua, sin malicia,
escarchada en tabúes ignorados y perversos.
¡Ay, amor! La sangre hierve inconsciente
en el laberinto de las horas.
Acechan tantos temores…
que el racimo de uvas
está solo, en el panal de los dioses.

Hay lágrimas que temprano llegan,
recorriendo marchitas
los ojos sangrantes.
Pero… ¡Hay de aquel que ose lastimarlas!
¡Hay de aquel que juegue con ellas!
Pues de todos es sabido,
arrancarlas no he podido.
Me refugié entonces
en la soledad más absoluta.
Vistiendo de luto férreo
mi ser ,mis días, mis sueños.
Ya no existía el azul del cielo,
ni el sol, ni la luna, ni los mares
…¡Nada!
Era una agonía fría, doliente,
como la misma muerte
que se aferraba a mí
como una condena.
Estuve así , no sé cuánto tiempo.
De repente…
llegó el amor con su dulce despertar
a caminar por mi vida,
como un infinito sueño,
sereno, mágico…
“Se acercó a mí , llenando mi pecho de tafetán azul
tiñendo mis noches de amapolas silvestres.”
Y esos ojos…esos ojos que no olvidaré jamás,
-los ojos del amanecer-.

La noche se despliega, en azul malva.
Y tú, persiguiendo tus sueños ancestrales.
El maldito tren de la nostalgia,
te reencuentra con tu pasado…
ése que mira
a través de los espejos del tiempo.
¡Corre, corre!
No esperes a lo inalcanzable…
vence el temor al fracaso,
y crea en ti
ese óvulo que te permite nacer,
en época de alabastro.
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