No me nombres
cuando esté callado.
Los versos no hablan,
si no los miras.
El tiempo se vuelve un caos de peregrinaje,
por los laberintos cerrados de la soledad.
Aguanto sigiloso el cruzar de trenes,
por vías que subyacen recorriendo
caminos, caminos desesperados
al encuentro de tu boca.
Tengo ya necesidad de mecerme
en la cuna que lleva tu nombre.
Suave, cercana a mí, sin miedos,
caminando por los senderos
que me llevan hacia tu puerta.
Llevo mi espalda curvada
por trabajos que han mermado mis piernas
mi cuerpo, mi vida,
vida pobre, pero al fin y al cabo vida.
Quiero salir de esta encrucijada
que me tiene sorbido en tu recuerdo.
No es un sueño que vuelve noche tras noche, no amor,
es la dolencia del corazón
que poco a poco está muriendo por tu ausencia.
Mi voz angustiada, te llama,
por el aire, por los campos, por los ríos,
por las vertientes que lleva tu cuerpo.
Amor mío, escucha esta poesía,
cuando esté yo callado.
Y vuelve amor, que yazco
sobre la aurora blanca de tu alma.
Me he quedado con el beso solitario,
el beso de mi muerte.
Me has robado ese sueño,
de las flores primerizas
y mi atuendo de hojas verdes de deseo.
Mis lágrimas…
han cegado mis ojos,
¡Ya no habrá más luz para mí!
Se la llevó tu mirada.
Esa luz que danzaba entre mis dedos
y tocaba como una campana
dulcemente el cielo.
Amor…sobre tu corazón
mi mariposa abrió sus alas.
Alas tiernas como tu sonrisa,
y yo, vestida como una reina
peinaba tu pelo, tu pecho,
tu cuerpo, tu beso.
Ese beso que me dejaste
en la tumba de mi almohada.
Enmudeció de pronto su boca
cuando le vio por primera vez,
su imagen hecha presencia
en su alma de mujer.
Años enteros esperando
su piel en besos sorber
sus caricias y reclamos
en su cuerpo estremecer.
Él , la mira
Ella, sonríe
y sus corazones hechizados
bordan perlas sin igual.
Su encuentro
¡Ay! Ese encuentro,
se hace amor
como un cuento,
una historia,
un principio... sin final.
Inicio a este poema:
Siempre hay que expresar
lo que se siente y anida en el pensamiento
para ahuyentar los ecos del silencio.
Esta noche gris…amor,
me hace temblar.
Quiero cobijarme en tus raíces,
despacio…suavemente…sin miedo.
Como la rosa de vidrio
camino a tu boca.
Esa textura deseo beberla
derramar mis aguas por tus mares
deslizando mis manos
hambrientas, por tu cuerpo.
Ahuyentando los ecos del silencio
silencio roto, que me ahoga sin el sonido
de tu nombre.
Quiero quedarme anclada en tu orilla,
en tu alma…en tu ser.
Soy arena pura,
arena blanca,
y no sólo arena
arena de nadie …o de nada.
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