Dos palomas blancas
recorren el océano
de las aves.
Ignorantes de que el
crepúsculo
partió sus corazones
en partículas de acero.
Bombas incendiarias
caían sobre ríos
de tinta roja.
En el vientre de la tierra
ya no existe el diálogo.
Solo queda la
mortandad
de los peregrinos
desarraigados
de su propia
identidad.
2 comentarios:
Kellypocharaquel dijo...
Muy agradecida por tu comentario y visita a mi blog querida Begonia.
Aprovecho para congratularte por el tuyo que acaricia el alma de los lectores.
Abrazos y besos fraternos
Raquel Luisa Teppich
Gracias, a ti, querida y admirada, amiga, Raquel.
Un beso.
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